Desde el antiguo Egipto, a los gatos se les ha atribuido una capacidad sobrenatural para comunicarse con el más allá, el inframundo o el plano de los muertos. Por eso, tal vez, no es extraño que uno de estos felinos como Leocadio se pasee a sus anchas por el Cementerio General del Sur. Solo que este amiguito sí tiene una abierta relación con algunos de los difuntos enterrados en ese camposanto. También es responsable de descubrir la clave para que El Santo del Amor pueda levantarse de su tumba e ir a socorrer a los enamorados desconsolados y amantes solitarios y, de paso, es su inseparable compañero.

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