El regreso de las muñecas
con alma: ahora son las Labubu
En apenas un cuarto de
siglo, dos han sido los fenómenos globales de mercadeo que han involucrado a
muñecas: las “Luckthep” y las “Labubu”.
Curiosamente, en ambos
casos el origen ha sido asiático. El primero de ellos en Tailandia (2015) y el
segundo en China (2025).
Una característica en
común de estos dos fenómenos de la industria muñequera se encuentra en el furor
que lograron desatar, su masificación y viralización.
Tal vez con las
“Luckthep”, las ventas no se extendieron a todo el planeta y se circunscribieron
a Tailandia y algunos países vecinos. Pero ya entonces se podía hablar del
éxito en el marketing de un juguete que, tradicionalmente, iba dirigido
al segmento infantil de las niñas.
En cambio, con las
“Labubu”, la empresa china fabricante de juguetes Pop Mart llegó más
lejos, abarcando casi todos los rincones del planeta con sus muñecas, quizá
como lógica consecuencia de ser elaboradas y distribuidas desde ese monstruo de
la economía mundial que es China.
Pero hay algo más en común
que tienen las “Luckthep” y las “Labubu”. Estos juguetes representan una
evolución que apunta en otra dirección con respecto a las muñecas convencionales.
Antes, en las fábricas y los talleres de los jugueteros, preocupaban más los
aspectos mecánicos que pudieran hacer que las muñecas parecieran más humanas:
que se movieran, hablaran, hicieran pipí o comieran como lo haría un niño de
verdad. Incluso, se fantaseaba con que la robótica y la cibernética perfeccionaran
este juguete hasta hacerlo parecer casi humano. Después de todo, una muñeca de juguete
es la representación de un modelo y su ideal es la mayor similitud con el
original.
En este siglo, en cambio,
las muñecas parecen haber evolucionado en una dirección menos material, menos
tangible, más abstracta y más espiritual. Claro que la moda tiene mucho peso,
pero ya ni siquiera importa la belleza—las “Luckthep” son parecidas a las muñecas victorianas de
las películas de terror y las “Labubu” tienen el aspecto de monstruos élficos— Sí, porque la muñeca del Siglo XXI es un juguete
que, sobre todo, debe tener alma y personalidad.
Esto da mucho en qué
pensar. ¿Será que la humanidad, abrumada por el desarrollo tecnológico, vuelve
a mirar hacia su espiritualidad? ¿La deshumanización hace que miremos como
juego lo que convierte a cada uno de nosotros en seres únicos? ¿Es el alma y la
personalidad sólo un plus para los nuevos fabricantes de juguetes? ¿Es
el alma una mercancía, algo que no sólo se disputan el Bien y el Mal,
Dios y el Diablo? ¿Existe alguna fe en el mercado para creer que
se compra un espíritu envasado dentro de un juguete?
En todo caso, la oferta
comercial de la “Luckthep” y la “Labubu”, la promesa que hacen sus creadores,
es un alma, una personalidad dentro de un cuerpo de plástico. ¿Se imaginan que
esto, en verdad, fuera posible? Y más allá, ¿se imaginan que una muñeca tuviera
espíritu propio, personalidad. ¿Se imaginan que pudiera ver el mundo y
atestiguar lo que hacemos, cómo vivimos y cómo actuamos? ¿Qué vería? ¿Qué
diría?
Pues, estas fueron las
cuestiones que me planteé en el año 2019 cuando escribí la novela “Una
Historia de Muñecas”. En esta historia, a través de los ojos de su
protagonista, Apinya, podemos conocer cómo ve al mundo y a los seres
humanos una muñeca con alma propia.
¿Te gustaría saber cómo nos
puede ver una muñeca?
Entonces, te invito a leer
“Una Historia de Muñecas”. La puedes conseguir en Amazon, la Librería
del Sur, Kalathos y La Gran Pulpería de los Libros Venezolanos.






