jueves, 18 de septiembre de 2025

 


El regreso de las muñecas con alma: ahora son las Labubu

En apenas un cuarto de siglo, dos han sido los fenómenos globales de mercadeo que han involucrado a muñecas: las “Luckthep” y las “Labubu”.

Curiosamente, en ambos casos el origen ha sido asiático. El primero de ellos en Tailandia (2015) y el segundo en China (2025).

Una característica en común de estos dos fenómenos de la industria muñequera se encuentra en el furor que lograron desatar, su masificación y viralización.

Tal vez con las “Luckthep”, las ventas no se extendieron a todo el planeta y se circunscribieron a Tailandia y algunos países vecinos. Pero ya entonces se podía hablar del éxito en el marketing de un juguete que, tradicionalmente, iba dirigido al segmento infantil de las niñas.

En cambio, con las “Labubu”, la empresa china fabricante de juguetes Pop Mart llegó más lejos, abarcando casi todos los rincones del planeta con sus muñecas, quizá como lógica consecuencia de ser elaboradas y distribuidas desde ese monstruo de la economía mundial que es China.

Pero hay algo más en común que tienen las “Luckthep” y las “Labubu”. Estos juguetes representan una evolución que apunta en otra dirección con respecto a las muñecas convencionales. Antes, en las fábricas y los talleres de los jugueteros, preocupaban más los aspectos mecánicos que pudieran hacer que las muñecas parecieran más humanas: que se movieran, hablaran, hicieran pipí o comieran como lo haría un niño de verdad. Incluso, se fantaseaba con que la robótica y la cibernética perfeccionaran este juguete hasta hacerlo parecer casi humano. Después de todo, una muñeca de juguete es la representación de un modelo y su ideal es la mayor similitud con el original.

En este siglo, en cambio, las muñecas parecen haber evolucionado en una dirección menos material, menos tangible, más abstracta y más espiritual. Claro que la moda tiene mucho peso, pero ya ni siquiera importa la bellezalas “Luckthep” son parecidas a las muñecas victorianas de las películas de terror y las “Labubu” tienen el aspecto de monstruos élficos Sí, porque la muñeca del Siglo XXI es un juguete que, sobre todo, debe tener alma y personalidad.

Esto da mucho en qué pensar. ¿Será que la humanidad, abrumada por el desarrollo tecnológico, vuelve a mirar hacia su espiritualidad? ¿La deshumanización hace que miremos como juego lo que convierte a cada uno de nosotros en seres únicos? ¿Es el alma y la personalidad sólo un plus para los nuevos fabricantes de juguetes? ¿Es el alma una mercancía, algo que no sólo se disputan el Bien y el Mal, Dios y el Diablo? ¿Existe alguna fe en el mercado para creer que se compra un espíritu envasado dentro de un juguete?

En todo caso, la oferta comercial de la “Luckthep” y la “Labubu”, la promesa que hacen sus creadores, es un alma, una personalidad dentro de un cuerpo de plástico. ¿Se imaginan que esto, en verdad, fuera posible? Y más allá, ¿se imaginan que una muñeca tuviera espíritu propio, personalidad. ¿Se imaginan que pudiera ver el mundo y atestiguar lo que hacemos, cómo vivimos y cómo actuamos? ¿Qué vería? ¿Qué diría?

Pues, estas fueron las cuestiones que me planteé en el año 2019 cuando escribí la novela “Una Historia de Muñecas”. En esta historia, a través de los ojos de su protagonista, Apinya, podemos conocer cómo ve al mundo y a los seres humanos una muñeca con alma propia.

¿Te gustaría saber cómo nos puede ver una muñeca?

Entonces, te invito a leer “Una Historia de Muñecas”. La puedes conseguir en Amazon, la Librería del Sur, Kalathos y La Gran Pulpería de los Libros Venezolanos.


miércoles, 9 de julio de 2025


 

La Última Momia de Galipán en la Filven2025

El pasado 8 de julio, tuvimos el gusto de conversar sobre «La Última Momia de Galipán», en el marco de la Filven2025, la más importante cita con los libros en nuestro país de todos los años. Allí hablamos sobre algunos de los aspectos de la vida del singular Dr. Knoche, su leyenda y el aspecto humano del personaje. Agradezco especialmente la moderación a cargo de @wladimir_paredes_whaldy , acucioso lector, quien destacó , por ejemplo, que en tiempos en los cuales tanto se habla de diáspora y gente que se va del país, en «La Última Momia de Galipán» el personaje principal es un inmigrante alemán que decide venirse a Venezuela a vivir por todas las cosas maravillosas que le ofrece esta tierra. En realidad, puedo decir que fue un moderador de lujo por su contribución a la lectura de esta novela. 

miércoles, 9 de abril de 2025


 

Knoche, el embalsamador del presidente

La mañana del 30 de noviembre de 1.878, una afección bronquial le arrebató la vida al presidente Francisco Linares Alcántara. Aunque nunca se pudo determinar el origen de la fulminante enfermedad, algunos creen que se trató de una muerte sospechosa, justo cuando el mandatario realizaba una serie de maniobras políticas para afianzarse en el poder.

Linares Alcántara convaleció a lo largo de nueve días en La Guiara, dentro de la antigua edificación de la Casa Guipuzcoana, donde finalmente expiró y pasó a convertirse en el primer presidente venezolano muerto en ejercicio.

Sus funcionarios más cercanos, integrantes de un gobierno asediado por caudillos que se acababan de alzar en armas en varias regiones del país, tenían frente a sí el cadáver del líder y fuera del antiguo edificio de la Casa Guipuzcoana una nación en peligro de sumirse en el caos.

Era necesario garantizar la continuidad institucional. El cargo sería asumido por el vicepresidente José Gregorio Valera. Pero, ante un acontecimiento como aquel, inédito en el país, se requería una puesta en escena, pompas funerarias acordes con las circunstancias y la envestidura del difunto. Mientras tanto, el cadáver se enfriaba y se descomponía. ¿Qué hacer?

Por aquel entonces en La Guaira, había ganado fama un médico alemán, un héroe en la lucha contra la epidemia de cólera de 1.855, de quien se decía que, además de ser un eminente cirujano y científico, dominaba el arte de la momificación: el doctor Goodfried Knoche.

Los miembros del gabinete que acompañaban al presidente Linares Alcántara cuando ocurrió el deceso, enviaron una comitiva por el doctor Knoche a su hacienda Buena Vista -ubicada a varios kilómetros de allí, cerca de Galipán- para que se encargara de la momificación del cuerpo.

Este episodio de nuestra historia queda plasmado por uno de los personajes de la novela La Última Momia de Galipán, Amelie Weissmann, durante una conversación con Carlos Reverón, ayudante del cónsul alemán, de la siguiente manera:

“Yo era la asistente del doctor Knoche. Nos fueron a buscar una tarde que realizábamos una consulta a un paciente en Maiquetía. Seis guardias a caballo se presentaron para pedirnos que los acompañáramos de inmediato a la Casa Guipuzcoana, sin darnos explicaciones. Allí nos informaron que el presidente Linares acababa de morir, después de nueve días en cama, y que necesitaban que el doctor Knoche se encargara de preparar el cadáver y embalsamarlo porque el médico personal del difunto conocía de su habilidad para tal procedimiento. No tardamos ni dos horas en momificar el cuerpo. Más tardé yo en buscar los químicos en el Hospital Militar y regresar para administrarle la fórmula al muerto.

         —¡Vaya, vaya! Debió sentirse honrado el doctor con esa solicitud. ¡Nada menos que embalsamar a un presidente!

         Bueno, en realidad el doctor Knoche no lo tomó de esa manera. Cuando terminamos de prepararlo, él me dijo: «Aquí entre nosotros, vinimos a perder el tiempo porque este hombre ya era una momia desde hace como un año».

Si quieres saber más de este suceso histórico y de otros, igualmente fascinantes y curiosos, te invito a leer la novela La Última Momia de Galipán en Amazon.

También la puedes encontrar en las librerías Kalathos, La Gran Pulpería de los Libros Venezolanos y El Cuervo de El Hatillo.

jueves, 3 de abril de 2025


¿Puede un escritor hacerse amigo de sus personajes?

Confieso que desde que tengo memoria mi relación con el poder ha sido de desconfianza, y así vi al expresidente Joaquín Crespo cuando hizo su aparición en las páginas de mi novela «El Santo del Amor». El general entró en escena con su imponente presencia, tan difícil de ignorar como su majestuoso mausoleo familiar en medio del Cementerio General del Sur.

A Crespo apenas lo conocía por las referencias acerca de él como figura histórica, casi accidental, de breve protagonismo a finales del Siglo XIX, y por una que otra mención a su gobierno durante mi paso por el liceo. Luego me vi obligado, dada su irrupción en mi historia, a investigar más sobre él con la intención de hacer las opiniones del personaje y sus reacciones lo más apegadas posible a quien fue en vida.

A través de las lecturas descubrí algunas cosas asombrosas, pero a medida que Joaquín Crespo fue cobrando vida en mi historia surgieron otras más fascinantes.

Crespo fue escalando posiciones desde el rango de humilde soldado hasta llegar a la Presidencia de la República. Tuvo que ser un hombre astuto e inteligente para lograrlo, saber jugar sus piezas en una Venezuela de a dos caudillos por metro cuadrado. Al final, a pulso, logró ubicarse en la cima, por encima de figuras emblemáticas como José Antonio Páez o Antonio Guzmán Blanco, y como muchos hombres que vienen de abajo y saborean las mieles del poder, desarrolló la ambición.

Joaquín Crespo preparó el terreno para conducir los destinos del país por muchos años. Ordenó que le construyeran una mansión cerca del Capitolio el actual Palacio de Miraflores, para acortar las riendas e intervenir con más rapidez en las decisiones que tomaran los parlamentarios, tal vez anticipándose a las intenciones de un futuro presidente como Juan Vicente Gómez, quien se instaló en el poder por 27 largos años.

Pero, finalmente, fue un hombre con más ambiciones que suerte y una certera bala en la “Batalla de La Mata Carmelera” según algunas versiones, disparada por Miguel Pérez Delgado, el famoso “Maisanta” acabaría con su vida y sus planes de gobernar el país quién sabe por cuanto tiempo, mientras veía el despliegue de las tropas a una distancia prudencial, montado sobre el lomo de un burro.

Sólo con esta información, alguien que recela del poder podría sentirse reafirmado en sus prejuicios. Pero como recrear un personaje de raíces históricas no puede fundamentarse únicamente en las fuentes oficiales -sí, esas que se plasman desde la fría y deshumanizada distancia de los ganadores-, es necesario recurrir a otras fuentes menos confiables y abrir los oídos, incluso, a rumores y chismes.

Las historias no oficiales hablan de un Joaquín Crespo inquisitivo, curioso por naturaleza, autodidacta, que alcanzó el mayor grado dentro de la logia masónica por su despierta inteligencia y que se ganaba a seguidores y enemigos más con la cordialidad que a través de la fuerza.

Algo que puede revelar mucho de su personalidad es lo que se sabe de su matrimonio. Crespo se casó con Jacinta Parejo, la viuda de otro general, y fue tan fiel y devoto a su mujer que las malas lenguas de la época aseguraban que en Venezuela era “Misia Jacinta” la que mandaba.

De crespo se decía que, particularmente, era “un jodedor” y a todo le sacaba un chiste.

Un escritor puede estar prejuiciado. No es una rareza. Pero debe entender que sus personajes reclaman vida propia y está obligado a permitírselas, muy a pesar de sus propias opiniones.

En «El Santo del Amor», como pasa en toda novela, la creación de un personaje como Joaquín Crespo por decirlo de una manera más gráfica y actual fue igual que ensamblar un algoritmo, donde tenían que incorporarse virtudes y defectos, actos encomiables y bajas pasiones, esos elementos de los cuales estamos hechos todos los seres humanos.

Y de esta recreación surgió el Joaquín Crespo de «El Santo del Amor», un personaje que desde su perspectiva de ángel caído no pierde el sentido del humor y se ríe de su mala fortuna, un caudillo despojado de poder que no ha perdido la humanidad, que desprovisto de cuerpo trata de orientar el espíritu de los amigos.

Sí, este Joaquín Crespo que fue surgiendo a medida que escribía sobre él, se ganó mi aprecio y también mi amistad.

 

sábado, 29 de marzo de 2025

 


La leyenda de un expresidente que gobierna más allá de la muerte

En el Palacio de Miraflores existe un retrato ecuestre del expresidente Joaquín Crespo, pintado por el célebre artista Arturo Michelena. El cuadro se encuentra colgado en el salón que, precisamente, lleva el nombre del caudillo, quien había ordenado construir la edificación como su residencia familiar a finales del Siglo XIX, pero que nunca llegó a ocupar. Según una leyenda, el alma en pena del exmandatario ronda algunas noches el palacio, donde mira con amargo encono su estampa sobre un hermoso corcel, cuando en realidad e irónicamente murió montado sobre el lomo de un humilde burro. Hay quienes, incluso, responsabilizan al espíritu de Crespo de muchas de las decisiones equivocadas que toman los gobernantes venezolanos de turno, gracias a persuasivas y embrujadas sugerencias, susurradas a sus oídos en el despacho presidencial. Si quieres saber más acerca de esta leyenda, te invito a leer la novela El Santo del Amor. Allí descubrirás cómo el espectro de Joaquín Crespo pudo haber estado involucrado en uno de los escándalos de corrupción más sonados de Venezuela.


jueves, 20 de marzo de 2025

 


Hanayome S-21F y la distopía erótica

En un futuro cercano, los seres humanos y las máquinas no sólo establecerán relaciones ordinarias de trabajo y cooperación para alcanzar ciertas metas y propósitos, sino que sostendrán relaciones afectivas y de pareja. Claro que esto implicará la evolución de las máquinas hacia entes capaces de sentir. Pero, en un mundo donde la Inteligencia Artificial ha alcanzado niveles de razonamiento, procesamiento e interacción capaces de confundirse con los humanos, ¿será descabellado creer que las máquinas puedan llegar a sentir? Podemos decir que hemos visto la era analógica de las relaciones híbridas, con humanos que desarrollan sentimientos y en algunos casos patologías como la mecanofilia. Sin embargo, con el acelerado desarrollo tecnológico y la IA no podría extrañarnos que lleguemos en un corto plazo a la digitalización de las relaciones híbridas. Esto plantea otras inquietudes. Si las relaciones de pareja entre humanos son de por sí bastantes complejas, ¿cómo serán estas relaciones entre máquinas y humanos? ¿Cómo será el relacionamiento erótico entre las parejas híbridas? Por otra parte, la conducta humana ofrece una amplia gama de desviaciones y perversiones que podrían encontrar nuevos derroteros y bien podrían ser, por qué no, “aprendidas” o desarrolladas también por las máquinas. Además, ¿cómo serán los problemas de pareja entre humanos y maquinas, sobre todo cuando alguno de ellos sea proclive a estas perversiones? “Hanayome S-21F”, precisamente, plantea esta clase conflicto, cuando el humano abusa de la máquina y esta se siente explotada sexualmente, en lo que podríamos entender como una “distopía erótica”.

sábado, 22 de junio de 2024


 

Una montura indigna para el caudillo

En el Palacio de Miraflores se conserva una pintura ecuestre del expresidente Joaquín Crespo, realizada por el insigne artista Arturo Michelena. El cuadro se encuentra en un salón de ese edificio que lleva el nombre de este caudillo, quien había ordenado la construcción del palacio, actual sede de la Presidencia de Venezuela. En la pintura, Crespo monta un ejemplar blanco de hermosa crin e impresionante alzada, que recuerda a esos robustos caballos de paso españoles de ascendencia árabe. Curiosamente, Crespo encontró la muerte sobre el lomo de una montura en la famosa batalla de “La Mata Carmelera” en Cojedes, donde acudió a dirigir las acciones contra el general José Manuel Hernández, mejor conocido como “El Mocho Hernández”. Crespo recibió la bala de un francotirador emboscado sobre un árbol, identificado por algunos como Pedro Pérez Delgado “Maisanta”, supuesto tatarabuelo del presidente Hugo Chávez. Pero lo realmente paradójico de esta historia es que el general Crespo murió montado en un burro y no en un caballo, pues ese fatídico 16 de abril de 1898, el caudillo esperaba guiar la acciones a una distancia prudente. En todo caso, Joaquín Crespo encontró la muerte encima de una montura indigna de su jerarquía política y militar en “La Mata Carmelera”.

El la novela El Santo del Amor, el fantasma del general Crespo visita algunas noches los pasillos y salones del Palacio de Miraflores y, cada vez que sus ojos tropiezan con su retrato ecuestre, despotrica sobre su mala fortuna y el mal chiste que puede ser el destino de los hombres.