Un Santo enamorado
Si en verdad existe un más allá, ¿las almas de los que mueren se despojan de sus sentimientos terrenales? De haber otro mundo, ¿pierde el espíritu su capacidad de amar como hombre o mujer, su sexualidad? En el catolicismo, el pináculo de las almas que dejan este mundo lo ocupan los santos. Almas tan excepcionales que son apartadas por el Creador del resto para colaborar directamente con Él y encargarse de socorrer a los mortales y hacer milagros. ¿Pero quiere decir esto que se relacionan con la humanidad a la que deben asistir, a partir de su canonización, de manera fría, como lo haría un médico? ¿O el santo puede involucrarse sentimentalmente con los vivos? El Santo del Amor tiene la misión de ayudar a sus seguidores a conseguir pareja, a alcanzar el placer erótico. Pero en esta celestial tarea, a veces es imposible que el Santo también sucumba y caiga seducido ante el poder del amor.

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