¿Es la Santidad un premio a
la buena conducta?
De plano, la respuesta parece
ser no, si consideramos que Nelson Urdaneta, el famoso Santo del Amor, no fue precisamente
un santo en vida. ¿Qué por qué fue escogido por la Providencia para ser el salvador
de las mujeres despechadas, las amantes insatisfechas y las almas solitarias? ¿Quién
sabe? Tal vez porque gozó de fama de buen amante y de hombre cumplidor en la
cama, con un inexplicable atractivo y poder de seducción.
¿Fue un premio o un castigo?
Ese es otro misterio divino.
Pero cualquiera que fuera
la razón para ganarse el título de paladín de las almas despreciadas, Nelson Urdaneta
nos demuestra que la eternidad de un Santo y su misión sin tiempo de caducidad
no parecen nada envidiable, a pesar de tener como tarea el placer y la felicidad.
Y es que la Santidad es un
trabajo sin derecho a jubilación ni vacaciones y dar placer como oficio no es exactamente
una recompensa.

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