La muerte es sólo otra dimensión a la que
entramos a través de agujeros de gusano
Míster William es uno de los más connotados difuntos del
Cementerio General del Sur de Caracas. En vida, fue un importante empresario y
dueño de una de las corporaciones más poderosas de Venezuela. Pero, sobre todo,
fue un hombre interesado en la naturaleza, la ornitología y las ciencias. Desde
su muerte en la década de los sesenta, su alma vaga por el cementerio, donde se
interesa en estudiar la escasa fauna existente y busca con la insistencia que
sólo otorga la inmortalidad de las almas un “agujero de gusano”, un pasadizo
entre la dimensión de los muertos y de los vivos. Pues Míster William, un
creyente en la teoría del puente espaciotemporal de Einstein-Rosen, está
convencido de que la muerte es en verdad otra dimensión y que los seres humanos
no perecen, sino que caen en otro plano por accidente.

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