miércoles, 14 de junio de 2023


 

Una fórmula para la eternidad

El 2 de enero de 1901 expiró el médico alemán Gottfried Knoche en su hacienda Buena Vista de Galipán. En el mausoleo familiar lo esperaban los cuerpos momificados de su hermano, su hija, su yerno y de otra inmigrante rescatada de la orfandad: Josephine Weissmann. Siempre a su lado, la hermana de esta última y ya anciana, Amelie Weissmann, esperó hasta ese momento para inyectarle directamente en la vena yugular la fórmula secreta del Dr. Knoche, con la cual se impedía la descomposición del cadáver. Pero esta no sería la última dosis de la misteriosa sustancia, pues Amelie Weissmann reservó para ella una pequeña cantidad que se inocularía cuando llegara su hora.


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