lunes, 18 de diciembre de 2023


 

Nelson Urdaneta, el amante eterno

No era raro que Nelson Urdaneta llevara una vida de juerguista, de bebedor y asiduo asistente de tertulias y bares, como cualquier otro periodista caraqueño de la década de los ochenta. Tampoco era de extrañar que, fiel representante del gremio, libara del néctar de muchas flores a la vez. Pero en lo que sí fue considerado un fuera de lote fue en sus cualidades de amante. Tal vez por eso, la Divina Providencia, tras su trágica muerte a manos de un esposo celoso, decidiera convertirlo en El Santo del Amor: el paladín de las mujeres despechadas, las solteronas desesperadas, las ninfómanas irredentas y hasta de los transexuales desconsolados. Sin embargo, aquello que en vida era un placer procurado con desenfreno, en la eternidad y como trabajo se volvió una pena, una especie de castigo a perpetuidad. El amor de los santos no es igual al de los hombres y desde ese hipotético estatus de privilegio se está obligado a hacer que los otros se sientan amados, sin derecho a exigir reciprocidad. La santidad, en verdad, es una carga pesada y dolorosa. Después de todo, esta es una tarea para mártires.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario