El sexo de los ángeles, la sexualidad de los santos
Como una discusión bizantina se puede calificar el intento de encontrarle el género a los ángeles, aunque no hay que revisarlos mucho porque estos suelen planear por ahí sin mucha ropa encima. En los comienzos del cristianismo, esta pareció ser una carta empleada por algunos durante los concilios para encender la mecha de acaloradas discusiones. También fue una duda razonable de teólogos y artistas para imaginarse una vida luego de la muerte. Pero en todo caso, ¿de qué sirve saber el sexo de los ángeles si estos no se aparean, no se reproducen y no hay mayor goce y placer que vivir por la eternidad en la gracia de Dios?
La pregunta también es válida para los santos. Esa legión de benefactores cuya existencia en el Más Allá solo está dedicada a hacer milagros y socorrer a los creyentes, incluso a quienes buscan pareja o marido. Los santos tuvieron género en vida, pero en la eternidad no lo ejercen.
Pero como toda regla tiene su excepción, en materia de santidad El Santo del Amor se encuentra fuera de norma. Él es un ídolo para las solteronas, divorciadas y mujeres no muy agraciadas que no tienen suerte en el amor o, simplemente, no consiguen saciar sus más íntimos deseos.
Así, pues, El Santo del Amor sí parece tener un género bien definido.
Sin embargo, los hombres y los santos son hijos de los tiempos que les toca transitar y en una época en que la sexualidad ya no puede clasificarse por géneros (con no binarios, transgéneros y pare usted de contar), El Santo del Amor se ha tenido que adaptar. Por eso, ahora también es el salvador de la comunidad LGTBIQ+.
Después de todo, el asunto del género en ángeles y santos como que no ha dejado de ser una discusión de utilidad bizantina.
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