El síndrome del vampirismo en El Santo del Amor
Es dura la vida en el más allá de un Santo. Es sacrificada la eternidad del Santo. Los fieles y fanáticos solo se detienen a pensar en estos mártires como seres humanos ejemplares, que han recibido la bendición divina de seguir haciendo el bien por los siglos de los siglos, sin ponerse a considerar que eso equivale a una eternidad de servicios, un sacrificio sin término. ¿Y qué decir si el Santo en cuestión se involucra sentimentalmente con uno de los creyente que acuden a él, desesperado por un favor? En ese caso, el Santo estará más consciente de su condena a la soledad, no la sufrirá en carne propia pero sí en su alma inmortal. Tendrá que padecer el Síndrome de Nosferatu: un vampiro condenado a la soledad y que cae derrotado por un amor imposible. Aunque situados en los los extremos, en las esquinas opuestas donde se ubican el bien el y el mal, Nosferatu y El Santo del Amor comparten la misma condena de la eterna soledad.

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