viernes, 2 de septiembre de 2022


 

Un guardián para el descanso eterno de la familia Knoche

Así como los egipcios momificaron animales y mascotas, el doctor Gottfried Knoche embalsamó, al menos, uno de sus perros. En la novela La Última Momia de Galipán se cuenta que el hermano del médico, Wilhelm, llegó desde Alemania a visitar al médico con un regalo que consiguió en el camino: un perro callejero, sin pedigrí, al que bautizo como Siegfried. Este animalito se convirtió pronto en un fiel compañero y defensor de la hacienda de Knoche y consiguió la muerte, precisamente, cuidando la propiedad, a manos de unos ladrones. Knoche no enterró a Siegfried, sino que utilizó sus conocimientos de momificación y su fórmula secreta para preservar de la descomposición a su querida mascota, la que además permaneció por muchos años apostada en la puerta del mausoleo de la familia Knoche, velando por el eterno descanso de sus dueños.


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